Carta abierta a la Presidenta Michelle Bachelet, y a los honorables parlamentarias y parlamentarios.

Publicado: diciembre 13, 2013 en Uncategorized

En estos días en los que se avecina un cambio de gobierno, es que nos hemos querido dirigir a la próxima presidenta, y a los parlamentarios que tendrán, dentro de poco, la importante responsabilidad de tomar decisiones que afectarán a todos los chilenos.

Es en este contexto en el que hemos decidido dirigirnos a todos ustedes, apelando a su buen juicio para con un tema que se ha quedado un poco atrás en la extensa lista de demandas sociales, las que incluyen educación, salud, sistema de pensiones, matrimonio homosexual, reforma tributaria, etc. Porque gran parte de la tarea de regir un país le corresponde a ustedes, pero es también responsabilidad nuestra salir de la pasividad y establecer una relación dialógica y bidireccional con nuestros gobernantes.

Mucho se ha hablado sobre educación este último tiempo. La camaleónica discusión a veces adquiere un carácter económico, otras político, y de vez en cuando, pedagógico. Respecto a lo económico, hay algo de lo que sí estamos seguros: El dinero que se podría utilizar para financiar televisión estatal (como en la mayoría de los países desarrollados) ya está disponible hace años, y es la base para que podamos tener acceso a una parrilla programática gratuita y de calidad. Sí, esos dos epítetos que están tan de moda, podemos aplicarlos también a la televisión. Porque a estas alturas, sabemos que tener acceso a medios democráticos, participativos y que enriquezcan en lugar de deteriorar nuestra calidad como ciudadanos, es un derecho que tenemos que exigirles, y un deber que el Estado debe garantizar.

Como chilenos estamos creciendo. Si la película “NO” muestra cómo una campaña persuasiva y que explotaba al máximo el lenguaje audiovisual tuvo tanta injerencia en la vuelta a la democracia, eso ya no basta. Cada vez más los chilenos buscan más propuestas concretas e información objetiva que campañas multicolores para escoger a sus dirigentes. Así por ejemplo, la discusión en torno a si debería haber voto voluntario o no, debe estar acompañada de cuánta educación cívica sea posible para tomar una decisión tan importante, y qué tanto aporta la televisión para que lo hagamos.

En materia de financiamiento ya hay cifras concretas: Existe un fondo de 900 millones anuales para Novasur, canal educativo del CNTV (Consejo Nacional de Televisión) que por distintas razones es desconocido para la gran mayoría de la población. El mismo CNTV, dispone de alrededor de 4.000 millones anuales más para llevar a cabo proyectos de televisión cultural y de calidad. El problema con esa ingente cantidad de fondos es que, la mayoría de los programas que patrocina o financia, no son exhibidos en las señales de televisión abierta, o son emitidos en horarios absurdos, salvo excepciones como “El Reemplazante” o “Los Ochenta”.

Para hacer una comparación, sobre lo que pasa actualmente con los fondos destinados a televisión abierta, es como si el Estado destinara 4.000 millones de pesos anuales a los colegios para comprar computadores, y la mayoría de estos aparatos quedaran en una bodega. Exactamente, se están botando. La existencia de una señal estatal permitiría que los proyectos antes mencionados, que nunca logran emitirse por que los canales creen que no tendrán buen rating, no tengan que ser financiados con publicidad y por ende, verían la luz al no ser opacados por la competencia. Si a eso le sumamos los recursos y la experiencia de Novasur, ¿No creen que esta es la oportunidad perfecta para cambiar las reglas del juego?

Ustedes podrían pensar que la televisión educativa es mala, ya que no puede competir con la industria del entretenimiento. La cosa no es tan así. Ciertamente, una audiencia acostumbrada al baile y la farándula de buenas a primeras no será el público objetivo de un programa que sea una clase televisada. Sin embargo, existen ejemplos de sobra que demuestran que estos programas sí podrían tener éxito si dispusiesen de una plataforma más amigable con los contenidos que ofrecen. Solo hay que alejarse del paradigma actual que tenemos de la televisión educativa: Instructiva, fome, monocorde y más pedagógica que comunicacional. Nosotros en cambio, creemos que no tiene que ser un eco de los contenidos del aula. Una televisión educativa puede tomar miles de formas y colores: Educación ambiental, sexual, cívica, programas que fomenten la integración de minorías étnicas, adultos mayores, los niños y las personas con capacidades diferentes; la enseñanza de más de una lengua, aprovechando toda la transversalidad que la televisión abierta tiene y que la educación en aula dista mucho de alcanzar por estos tiempos.

Un canal de TV educativo estatal, permitiría mostrar la realidad de todas las regiones del país para todo Chile, podría dar cabida a todos los deportes (y no solo a uno como ocurre en la TV actual), a los músicos nacionales, al teatro, al cine y a la danza.

Hay más de una forma de hacer y ver televisión. Si “Los Ochenta” fue capaz de conjugar datos históricos de la controversial década chilena con una trama envolvente, y Juan Carlos Bodoque contribuyó a que los niños respetaran y aprendieran sobre el medio ambiente, un equipo conformado por expertos en comunicaciones, pedagogía y todas las áreas que hagan falta, podrían demostrarnos que el realidad, no es que a la gente le guste la basura. Es solo que, el 84% de los chilenos que declaran ver cuatro horas diarias de televisión (Ni Internet ni Cable están al alcance de todos) no tiende a ser muy exigente, ya que todo el mundo sabe que no siempre vemos un programa porque es bueno, sino porque no están dando nada mejor. Por ende, nuestras expectativas y estándares terminan siendo bajísimos, y si a un canal le basta cumplir con esos estándares para vender ¿Por qué esforzarse en mejorar?

Para que los medios logren este objetivo de ser una herramienta de inclusión y no segregación, es que existe el Movimiento Por Una TV Educativa, cuya demanda es básicamente lo que hemos explicado antes: la creación de un canal de televisión abierta, financiado y garantizado por el Estado y cuyos contenidos estén orientados principalmente a la formación de los chilenos, promoviendo la educación y la cultura, en todas las facetas, dimensiones y acepciones que poseen ambas palabras. Persiguiendo esa meta, fuimos al Senado en dos ocasiones, para que nuestras demandas sean escuchadas. Un tiempo después, la Ley de Televisión Digital reservó dos señales para emitir exclusivamente contenidos educativos y culturales. Como puntapié inicial, no estaba nada de mal.

La Cámara de Diputados apoyó esta propuesta por medio del Proyecto de Acuerdo N° 379, en una decisión que tuvo adherentes de todos los sectores políticos. Esperamos que este apoyo se mantenga incluso ahora que hay cambios sustantivos en el Senado y en la Cámara. Esta relación iniciada entre movimientos ciudadanos y parlamentarios debe continuar, no morir una vez la presidencia ya ha sido asumida, pues reflejará en gran medida el peso de la palabra “representatividad”, y confirmará que la democracia es algo mucho más complejo que levantarse un día a votar.

En resumen. Para que exista un canal de TV público dedicado a la cultura y la educación, ya existen los fondos, la experiencia, el apoyo político transversal y una señal de TV para transportarla.

Ahora solo resta ver cómo vamos a aprovechar esta oportunidad. Muchos son reticentes a valerse de la televisión como una herramienta educativa, especialmente los académicos. El destacado experto y profesor Manuel Calvelo es uno de los que más se ha pronunciado acerca de este infinito potencial del audiovisual: permite ver los lentos procesos (Como un milenio), los rápidos momentos (Como una bala), la grandeza del universo y la pequeñez de un átomo ¿Cuántos soportes pueden jactarse de estas capacidades? Ok, Internet probablemente puede, pero hay que recordar que este medio aún no es tan transversal, accesible y gratuito como la televisión.

En cuanto a la discusión sobre la Ley de TV digital, como dice el mismo Calvelo, hacen falta más neuronas que pixeles para mejorar la televisión. Para que la discusión profundice respecto a las neuronas, para que el Estado garantice esta indiscutible oportunidad, es que nuestro movimiento ha estado trabajando. Finalmente somos nosotros, los ciudadanos, los que tenemos que exigir lo que nos corresponde. Si no ¿Quién más lo hará? Este el momento perfecto para dejar de quejarse de lo mala que es la televisión, abrir la mente y descubrir que la cultura no necesariamente se halla dentro de un libro o un aula.

El gobierno que ahora termina desaprovechó una oportunidad única de posicionarse como el gobierno que acabó con la educación segregadora. Ahora ustedes disponen de una oportunidad para cambiar la manera en la que nos relacionamos con los medios televisivos. Ojalá recojan el guante tendido, y los contenidos sean tan o más importantes que la tecnología, respecto a las leyes que tengan planeadas en materia de televisión. Porque para mejorar la educación chilena también es importante mejorar la televisión chilena.

Atte.

Movimiento Por una TV educativa para Chile.

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comentarios
  1. nury orellana dice:

    Estoy de acuerdo que los gobiernos no han sacado provecho de la televisión en la Educación hasta ahora ,y sería muy relevante plantear y exigir a la nueva institucionalidad que haya cambio,quese introduzca en losprocesos educativos…

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