“Hay que crear corrientes de opinión y de debate para que los ciudadanos busquen su propia responsabilidad”. Entrevista con Enrique Martínez Salanova (segunda parte)

Publicado: agosto 16, 2010 en Entrevistas, Uncategorized

Por Lorena Álvarez Chávez

¿Qué características deben tener los contenidos televisivos para obtener el apellido “educativos”?

La mayoría de los problemas serios que se tratan en televisión se trivializan, los debates no se realizan con corrección, se busca y provoca el enfrentamiento entre los contertulios o los participantes con el fin de no perder audiencia. Se pactan en la trastienda del programa formas de enfrentar el debate con el fin de que el interés no decaiga, y si decae, los presentadores tienen trucos suficientes para levantar el interés enfrentando en muchas ocasiones verbal, gestual y hasta con agresiones físicas a los oponentes. Esto da como resultado que no se llega al fondo de los problemas. En otras ocasiones la imagen sustituye o enmascara el contenido.

Es necesario que las televisiones acepten la responsabilidad de educar. Y quiero hacer énfasis en dos conceptos que normalmente se confunden y que en el caso de la televisión debieran definirse y aplicarse: televisión educativa y televisión educadora.

Para que una televisión sea educativa, debe tener intencionalidad educativa. Propósitos y objetivos claros, definición de la audiencia a la que va dirigida y por ende adecuación de los métodos, lenguajes y estructuras a ella… Normalmente confundimos educativo con instructivo. Lo instructivo tiene que ver con los conocimientos o movimientos que se aprenden mecánicamente. Para que sean educativos, estos aprendizajes deben poseer algo más, que sean significativos, que estén en un contexto más amplio, que el que aprende los inserte en un entorno, que asimile los valores del aprendizaje, etc. Un documental puede ser instructivo, pero si no está dentro de un contexto, si no se adapta el lenguaje, las formas y los tiempos, a la edad de quien que se pretende sea espectador, no será educativo.

A mi entender, toda la televisión debe ser educadora (no educativa). Como decía, estamos en un mundo en el que existen desafíos importantes que debemos encarar entre todos. No es posible que las televisiones, con la fuerza cultural y capacidad subyugadora que poseen entre los ciudadanos, se desentiendan de esa responsabilidad. Una televisión educadora es la que plantea, propone y estructura sus programas pensando en que en el mundo hay problemas de todos y que hay que colaborar en crear corrientes de opinión y de debate para que los ciudadanos busquen también su propia responsabilidad.

La utilización de la televisión en la enseñanza puede enfocarse desde múltiples ámbitos de desarrollo: televisión educativa, vídeos didácticos, visionado y análisis de programas de televisión en conjunción con las parcelas curriculares o interdisciplinarmente, análisis creativo de los mensajes audiovisuales, conocimiento del mundo televisivo, recreaciones del medio, etc.

La utilización de la televisión educativa en los centros escolares puede ser de gran utilidad, siempre que se parta de una programación previa que sincronice los contenidos curriculares con los programas televisivos. Pero además un buen uso requiere contar también con adecuados aparatos de recepción de la imagen, puesto que, por ejemplo, el visionado para grandes grupos de alumnos con pequeños monitores no facilita el aprendizaje en óptimas condiciones.

 ¿Cuál es el rol de la audiencia en este tipo de televisión?

La televisión actúa en gran cantidad de ocasiones imponiendo sus propias reglas de juego; el espectador entra como si de su propia cultura se tratara. Las risas enlatadas que sirven de fondo a la mayor parte de los telefilms en clave de comedia, están condicionando cada situación cómica o chiste con los criterios de quien produce la serie, con independencia de que la cultura sea anglosajona o latina. En los programas con público todo está preparado. Las risas, los aplausos y las actuaciones en apariencia espontáneas, incluyen metamensajes que conforman subliminalmente las pautas básicas de la cultura. Estas intervenciones programadas reducen en los espectadores la posibilidad de opinión o criterio propio.

Se está asistiendo al acontecimiento de la homologación de la cultura en todo el territorio nacional. De la misma forma que se homogeneiza el vestuario, los peinados, el lenguaje o el estilo de vida, se convierte en igualitario el humor en el país entero. Algo propio como la broma, autóctono como el doble sentido, la ironía y el chiste, que suelen ser la quintaesencia de cada lenguaje se transforma en un producto único, sin competitividad gracias a la televisión. El acceso a situaciones de intimidad, aunque sea preparada, estimulada por las revistas del corazón, es un símbolo de lo que el medio televisivo puede llegar a ser si ni hacemos el esfuerzo de educar para su lectura y comprensión.

El horario de emisión es un modo de dirigir al espectador en uno u otro sentido. El que películas clásicas, mesas redondas o debates temáticos se posterguen hasta  medianoche o la madrugada, es indicativo de la importancia que las empresas productoras otorgan a cierto tipo de programas.

Los chicos tienen en el medio televisivo una fuente privilegiada para la información sobre los más diversos aspectos de su currículum, de una forma motivante y globalizadora, como es la combinación sincronizada de lo sonoro con la imagen en movimiento.

Como es lógico, el uso de la televisión en esta parcela no puede servir para aumentar el ya abusivo e indiscriminado consumo de los hogares. El visionado en el aula debe estar siempre planificado, adaptado a las actividades que se desarrollan y a las temáticas curriculares que se impartan y además acompañado de una plataforma reflexiva que sirva para aprender con el medio nuevas facetas de conocimiento, descubriendo, en la medida del desarrollo madurativo de los alumnos/as, sus resortes comunicativos.

¿Qué tipo de profesionales deben participar en su desarrollo? ¿La ciudadanía puede formar parte?

La televisión nos informa de hechos que antes ignorábamos. “El mundo instantáneo de los medios informativos eléctricos nos implica a todos, a un tiempo”, plantea Mcluhan. Es preciso implicarse como educadores o como consumidores de imagen en la formación personal hacia medios y mensajes y procurar que los sistemas educativos, familiares, regionales, estatales y sociales, hagan inexcusable un diseño de enseñanza-aprendizaje en el que se consideren los medios de comunicación y su análisis crítico. Por ser la televisión un medio tecnológico y comunicativo de primer orden hay que actuar positivamente ante sus posibilidades y consecuencias. Es necesario que la televisión contribuya a la educación permanente, que complemente con sus procedimientos la investigación y apoye los fundamentos del conocimiento y del aprendizaje.

¿Cómo se desmitifica el papel que hoy posee la televisión abierta?

Para desmitificar y transformar a los medios de comunicación es necesario establecer relación con ellos. Nada se soluciona con aborrecer la televisión, escandalizarse con ella o tenerle miedo y evitarla. Es imposible rechazar su misma existencia o el fenómeno social que produce.

Hay una intención en quienes crean programas y otra intención en quien los oye y ve. No hay lectores o telespectadores inocentes, pero sí puede haber lectores o telespectadores indefensos. Queda el derecho de prepararse para afrontar y enfrentar el mundo de la imagen. Es necesario transformar la intención comercial de quien produce los impactos visuales en fuente y objetivo de investigación, de reflexión y de conocimiento crítico. Los profesores no deben mitificar la televisión, como si fuera algo lejano, inaccesible o intangible, de difícil acceso a los profanos; el desafío es ver la televisión, analizarla y comprender sus mecanismos de manipulación, con el fin de integrarla en el trabajo de las aulas.

Desde el momento en que cualquier actuación comunicativa nace de una intención, posee ya en su contenido un mensaje. Las expresiones, “el medio es el mensaje” y “el medio es el masaje” de Mcluhan son, desde esta óptica, consecutivas y al mismo tiempo complementarias e idénticas en su mensaje. Por esta razón toda comunicación de los medios tiene una lectura, y es susceptible de análisis. “Mensaje” y “Masaje” pasan de ser mero juego ingenioso de palabras a identificar una nueva y diversa forma de trasmitir la información.

“Es imposible comprender los cambios sociales y culturales” – como afirma Mcluhan – “si no se conoce el funcionamiento de los medios”.

¿Y la responsabilidad de los emisores, cadenas, empresas  de televisión…?

¿No podrían las televisiones proponer que las formas y modos de los debates fueran menos violentos e hirientes y más respetuosos con las opiniones de otros participantes? ¿No podrían los moderadores mantener mejor los niveles de interés con los propios contenidos y no con el aumento de la agresividad, del insulto o de la descalificación? Necesitamos como ciudadanos modelos de debate diferentes a los que vemos en televisión, que por nuestra retina y oídos entren en nuestro cerebro maneras diferentes de respetar la opinión, de dirigirse a otras personas, de mantener un criterio… Con estas preguntas y comentarios intento explicar mi idea de la televisión educadora. Hay magníficos temas tratados en televisión, en programas que pierden su posible función educadora por sus modos sensacionalistas, violentos e irrespetuosos.

El tema de la violencia en la televisión, también es un ejemplo. No es tan peligroso presentar la violencia como no dar posibilidades para rebatirla, debatirla o cuestionarla. Se han llenado páginas de periódicos y se han elaborado multitud de informes y de trabajos en relación con la violencia en televisión. Sin embargo, hay más violencia en la sociedad, en la familia, que en los programas de televisión. O el tema de la discapacidad, que se trata al mismo tiempo que se oculta a los discapacitados…

Debemos pedir a las cadenas coherencia al presentar sus contenidos, pues es clave la forma de presentación para que los contenidos tengan validez. Yo propondría a las televisiones, para que aumenten su capacidad educadora, un cuidado especial en temas como el medioambiente, la solidaridad, la paz y la violencia, la responsabilidad, la tolerancia, el respeto a opiniones y culturas diferentes. Son temas básicos en los que el mundo está de acuerdo. Y lo más importante: no está en que los temas se traten, que ya se tratan, sino que se haga sin sensacionalismo, apelando al compromiso de los espectadores, imbuyéndose las cadenas de estos mismos proyectos, para que surjan con espontaneidad y naturalidad.

(Pronto la parte final de esta entrevista en www.porunatveducativa.cl)

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